El tratamiento fisioterapéutico de la artrosis tiene como objetivo aliviar el dolor, mejorar la movilidad articular, fortalecer la musculatura y favorecer la independencia funcional del paciente.
Antes de iniciar cualquier tratamiento, el fisioterapeuta realiza una valoración funcional que incluye:
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Grado de dolor (escala EVA).
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Amplitud de movimiento articular.
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Fuerza muscular.
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Capacidad funcional y marcha.
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Evaluación postural y actividades de la vida diaria.
Termoterapia y crioterapia
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Termoterapia (calor): se aplica en fases crónicas para relajar la musculatura y mejorar la circulación.
Ejemplo: compresas calientes, infrarrojos o parafina. -
Crioterapia (frío): en fases agudas o inflamatorias para reducir dolor y edema.
Ejercicio terapéutico
El componente más importante del tratamiento.
Incluye:
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Ejercicios de movilidad articular: para mantener y mejorar el rango de movimiento.
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Fortalecimiento muscular: especialmente de los músculos periarticulares (por ejemplo, cuádriceps en artrosis de rodilla).
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Ejercicios propioceptivos y de equilibrio: para mejorar la estabilidad.
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Ejercicios aeróbicos de bajo impacto: caminar, bicicleta estática, natación o ejercicios en el agua.
Hidroterapia
El agua reduce el peso corporal y facilita el movimiento sin dolor.
Se usa para:
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Mejorar la movilidad.
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Reeducar la marcha.
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Aumentar fuerza muscular con menor impacto articular.
Electroterapia
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TENS (estimulación nerviosa eléctrica transcutánea): para analgesia.
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Ultrasonido terapéutico: para disminuir dolor e inflamación.
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Corrientes interferenciales o diadinámicas: para mejorar la circulación y aliviar el dolor.
Educación del paciente
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Explicar la naturaleza degenerativa de la artrosis.
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Fomentar la adherencia al ejercicio.
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Evitar movimientos repetitivos o sobrecarga articular.
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Mantener hábitos saludables (alimentación, descanso y control del estrés).